Crear un espacio que invite
No necesitas un estudio perfecto; basta un rincón coherente. Quita objetos que reclamen atención y deja solo lo necesario: cuaderno, bolígrafo, plantilla, vaso de agua. Añade una vela o planta para marcar el estado mental. La repetición de este entorno convierte el lugar en atajo emocional hacia la calma. Si viajas, crea una versión portátil en tu mochila con los mismos anclajes sensoriales, compactos y familiares.